Mayorino Vigolungo: Una propuesta de santidad para hoy

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Mayorino Vigolungo

Mayorino nació en Benevello (Alba), el 6 de mayo de 1904, de una humilde familia de campesinos, pero ricos de fe. De inteligencia abierta y temperamento vivaz, quería ser el primero en todo: en el estudio, en el juego, en el trabajo, en la bondad.

Mayorina Vigolungo

Mayorino brinda la oportunidad de proponer a la Iglesia una ejemplar figura de protagonista, como modelo de los jóvenes y los menos jóvenes, y llamar la atención sobre el valor de la dirección espiritual, que, en nuestro caso, se demostró determinante para él, que en poco tiempo alcanzó la “perfección”.

El voto ampliamente positivo de los teólogos, está motivado sobre todo por algunos de sus escritos; él se propuso con firmeza “llegar a ser totalmente de Dios”, “avanzar en virtud hasta la muerte” porque “es voluntad de Dios que seamos santos”, pero, concluía, nos “llegaremos todos a ser perfectos” si repetimos cada día “quiero, quiero, quiero”. Es este un propósito que él le confirma al P. Alberione, en los momentos cruciales de su enfermedad, cuando el Teólogo le pregunta: “¿Prefieres curarte o ir a Paraíso?”, y él contesta: “Para mí es lo mismo, que se haga la voluntad de Dios”.

Progresar cada día en la virtud

El encuentro de Mayorino con el P. Alberione, hace que estese convierte en su director espiritual hasta su muerte. En la Familia Paulina Mayorino encontró el entorno adecuado para progresar en la virtud, y aun sintiendo la separación de la familia, a la que tanto quiso en todos sus miembros, lo aceptó con gran fortaleza para seguir su vocación y su ideal apostólico.

Él se puso en sus manos con docilidad, con sencillez y con filial confianza. “¿Qué harás de mayor?” –le preguntó un día el Teólogo–. Ser sacerdote le gustaba, pero también le gustaba ser profesor: no supo contestar; no sabía explicar lo que le ardía en el fondo del alma. “Reza tres avemarías a la Virgen todas las noches, y la Virgen te guiará por los caminos donde Dios te quiere”. Mayorino fue fiel.

La Virgen conduce a Mayorino a la Sociedad de San Pablo el 15 de octubre de 1916, a los doce años. Los primeros días de la vida de colegio son siempre más o menos difíciles. Encontrarse lejos de la familia, bajo la disciplina de un horario, las dificultades del estudio… son muchas dificultades que desaniman. Mayorino desde el primer día se encontró en su sitio: abrazó de buena gana la nueva vida de estudio, trabajo y oración. Se aplicó a ella con alegría, con energía, con la mejor voluntad.

A los catorce años: único desea es hacer la voluntad de Dios

Chico vivaracho, inteligente y de carácter, que “logró vencerse” y, sobre todo por eso, mostró plena madurez en los dieciocho meses pasados en Alba, “cuando pobreza e incertidumbre podían vencerse solamente con una profunda vida espiritual”. Y fue así por “la necesidad de vincularse más estrechamente a Dios”, por su convicción de que “la vida de Jesús es la vida del deber”, por “el ardor eucarístico”, manifestado con convicción y constancia y por “la comunión total con la voluntad de Dios”.

Cada santa Comunión –afirma su hermana– era como la primera”. Esta unión con Jesús irrumpía en ardientes invocaciones, como: “Quiero que mi alma esté enamorada de Jesús. No más confesiones y pecado, sino confesión que sea resurrección definitiva, avanzar en la virtud hasta la muerte”; “Con la ayuda del Señor y de la Virgen quiero ser santo”. Y también: “Jesús, soy todo tuyo”; “Jesús ayúdame, quiero ser santo”; “Jesús mío, tú solo me bastas”; “Gran santo, pronto santo”. Su alma estaba, pues, madura para el Paraíso, como manifestó pocos días antes de morir cuando entonó con voz débil la canción religiosa: “Al Cielo, al Cielo, al Cielo”.

Hoy cumple 100 años de su nacimiento en la eternidad. Rezamos por su intercesión por las vocaciones en la Iglesia y por todos los jóvenes. Mayorino Vigolungo ayuda a los jóvenes aredescubrir el sentido de la vida cristiana, el valor de la inocencia y la pureza del corazón, el sentido de una verdadera vocación, la llamada evangélica a una entrega silenciosa y total”.

Oración para pedir gracia

Padre celestial, te doy gracias por haber elegido a Mayorino Vigolungo para anunciar el evangelio en todo el mundo con los medios de comunicación social, y por haber concedido a tu siervo fiel, junto a un ardiente deseo de santidad, un celo tan grande por la salvación de los hombres, que lo llevó a ofrecer su joven vida por el apostolado de las ediciones.

Te pido, Señor, que glorifiques en la tierra a este apóstol tuyo, para gozo y ejemplo de muchos jóvenes que ayudados por tu gracia y atraído por su ejemplo, se entreguen con amor y valentía a la misión que tú les encomiendas, para tu gloria y para bien de todos los hombres.

Concédeme también, por intercesión de Mayorino, las gracias que ahora te pido…

Gloria al Padre…

 

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