Beato Giacomo Alberione

Nuestro fundador

Padre Alberione con Don CorderoEl beato Santiago Alberione (4 de abril de 1884-26 noviembre de 1971), consciente de la urgencia de la evangelización, se desveló hasta que en la iglesia los «medios más rápidos y eficaces», que el progreso habría puesto a su disposición, fueran utilizados para «dar al mundo a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida». Para este ideal fundó la Familia Paulina, diez instituciones al servicio del anuncio del Evangelio.

«El mundo necesita una nueva, gran y profunda evangelización… –decía en 1926–. Se necesitan medios proporcionados, y almas encendidas de fe». Pocas palabras para sintetizar la historia de un hombre que, atento a los signos de los tiempos, percibió la exigencia de renovar las formas del anuncio del Evangelio. Y de esto surge una genial idea que poco a poco va desarrollando. Su historia comienza desde lejos...

Datos biográficos

Santiago Alberione nace en san Lorenzo de Fossano (Cuneo) el 4 de abril de 1884, el quinto de siete hermanos de Michele y Teresa Allocco, campesinos que, de las sanas tradiciones relacionadas con la tierra, habían heredado un estilo de vida sencillo y laborioso, una fe profunda y creativa. Recordando las gracias maravillosas que el Señor había obrado en él (del libro Abundantes Divitiae…), en el año 1953 Don Alberione cuenta a sus hijos e hijas espirituales que cuando tenía seis años, la maestra le preguntó a él y a otros alumnos que pensaban hacer en el futuro. El pequeño Santiago con decisión manifestó la intención de ser sacerdote  (cf AD 9).

Entró en el seminario de Bra, de donde fue expulsado porque, como apasionado lector, vivió un tiempo de  desorientación. Enseguida fue acogido en el seminario de Alba y a la edad de dieciséis años, la noche que dividía el siglo XIX del XX, marcó su vida. Después de la celebración eucarística, delante del Santísimo Sacramento, el joven seminarista siente –como él mismo recuerda– que «de la Hostia vino una luz especial: mayor compresión de la invitación de Jesús: “Venid a mí todos”, (le pareció comprender el corazón del gran Papa, las invitaciones de la Iglesia, la verdadera misión del sacerdote»). Y desde esa llamada, maduró su respuesta: «…prepararse para hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo, con quienes habría de vivir» (AD 15).

«Vagando con la mente en el futuro, le parecía que en el nuevo siglo personas generosas sentirían cuanto él sentía, (…) que el siglo naciera en Cristo-Eucaristía; que nuevos apóstoles sanearan las leyes, la escuela, la literatura, la prensa, las costumbres; que la Iglesia tuviera un nuevo empuje misionero; que se usaran bien los nuevos medios de apostolado» (AD 17-18).

Estos pensamientos dominaron siempre la oración, el trabajo interior y las aspiraciones. Se sintió obligado a «servir a la Iglesia, a los hombres del nuevo siglo y a trabajar con otros en organización» (AD20).

Ordenado sacerdote en el año 1907, al año siguiente el obispo de Alba, Monseñor Francisco Re, le confió el encargo de enseñar en el seminario y lo nombró director espiritual de los seminaristas. A estas actividades se unió el estudio y una notable sensibilidad por las cuestiones sociales, que poco a poco le permitieron realizar su sueño: fundar «una organización católica de escritores, técnicos, libreros, distribuidores, pero religiosos y religiosas». Don Alberione había comprendido que de esta forma habría «más unidad, más estabilidad, más continuidad, más sobrenaturalidad en el apostolado». Maduró el ideal de formar una organización no laica sino «religiosa, donde las fuerzas están unidas, donde la entrega es total, donde la doctrina será más pura» (AD 23-24).

Padre Alberione filmando con una cámara de cineDe su espíritu de fe surge una familia religiosa, la Familia Paulina: diez instituciones que comparten la misma espiritualidad basada en Jesús Maestro, como la había conocido y testimoniado el Apóstol Pablo, y teniendo como referencia a María Reina de los Apóstoles. Diez voces que, como una única sinfonía, fieles a la misión recibida del Fundador, se empeñan en «vivir y a dar al mundo a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida», sirviéndose de los «medios más rápidos y eficaces» de la comunicación social, que las cambiantes condiciones de los tiempos poco a poco van ofreciendo. Un ideal genial, que poco a poco llegará a ser realidad.

Después de haber visto crecer y consolidarse la Familia Paulina en los cinco continentes, don Alberione muere en Roma el 26 de noviembre de 1971. San Juan Pablo II lo proclamó beato el domingo 27 de abril de 2003.