Centenario

2015, una gran efeméride. Cumplimos 100 años.

Tecla Merlo en Brasil

¿Qué son 100 años de vida de una congregación religiosa en comparación con la historia de toda la humanidad o, incluso, de dos mil años de historia de la Iglesia? Un pequeño “trozo”, hecho de personas y eventos, de proyectos y de logros, de sueños y de aspiraciones. El p. Alberione, cuando hace memoria de su intuición carismática para narrarla a sus hijos espirituales, dice que se «tendría que relatar una doble historia: la de las divinas misericordias, para cantar un vibrante “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres”. Y también la humillante historia de la falta de correspondencia al exceso de la divina caridad y componer un nuevo y doloroso “Miserere”» (Abundantes divitiae 1).

Cientos de años multiplicados por miles de vidas, miles de mujeres de distinta situación social y de edades, que en los cinco continentes han dedicado todas sus energías espirituales, intelectuales y físicas para dar vida y continuar el sueño del p. Santiago Alberione.

Cien años de evangelización con la prensa y, poco a poco, con todos los medios de comunicación que el progreso ha puesto a su disposición, hasta hoy, para hacer resonar el Evangelio y los valores humanos y cristianos en la cultura de la comunicación. En estos cien años han cambiado los medios y los lenguajes, pero el proyecto ha quedado intacto: «vivir y dar al mundo a Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida», para llevar a todo hombre y mujer de buena voluntad el Evangelio, que nos describe la misión de Jesús: revelar el misterio del amor de Dios Padre para la humanidad.

Una celebración de familia, de Iglesia, para cantar Gloria al Señor, por todo lo bueno que como Hijas de San Pablo hemos realizado en España, en el mundo, con el apostolado de la prensa y de los medios de comunicación, al servicio de la Palabra que salva, de la promoción de la cultura; por las semillas de santidad que ha derramado entre nosotras, semillas que se han convertido en frutos maduros en Maestra Tecla, hoy venerable; y después de ella, en muchas paulinas que en distintos países del mundo han dado lo mejor de sí mismas, afrontando precariedades de muchas clases, conscientes de su propia pobreza, asumiendo el ideal del Apóstol Pablo: «Porque si predico el evangelio, no tengo de qué sentir orgullo; es mi obligación hacerlo. Pues ¡ay de mí si no evangelizare!» (1Cor 9,16). Y con el himno de alabanza a Dios por lo que ha realizado en cien años de vida y apostolado, también pedimos perdón por las «infidelidades a la divina caridad», por falta de confianza en su presencia y en su compañía, por la falta de fe en él, que cumple lo que ha comenzado en nosotros y a través de nosotras.

Sor Ana Maria Parenzan, Superiora GeneralCien años para hacer memoria del camino recorrido teniendo clara la meta: «... un trabajo más intenso de santificación para continuar después y con mayor fervor. (...) Hemos nacido para dar a Jesucristo Camino, Verdad y Vida, la doctrina dogmática, moral y enseñar a la humanidad el camino para llegar a Cristo Jesús. Hemos venido para realizar un apostolado, con el espíritu y el poder de san Pablo y tenemos que hacer esto" (FSP50-53, nº 42).

Un año dedicado a la celebración del centenario de la Fundación es una buena oportunidad para renovar la conciencia de nuestra vocación específica: «Hermanas de todos los continentes, hablamos el lenguaje que el Espíritu ha puesto en nuestros labios y en nuestros corazones, a través del carisma que nos ha dado. Es el lenguaje de la fe que se abandona, cada día, a la gracia del Pacto. Es el amor que nos hace, como Pablo, “todo a todos”. Es el lenguaje de la alegría que manifiesta, al mundo de hoy, la buena noticia del Evangelio. Es el lenguaje de la gratitud, que contempla las maravillas de Dios. Es el lenguaje que valora los logros del progreso para indicar, a todos, “el camino luminoso de la forma de vida”» (Sor Ana Maria Parenzan, Superiora General).

Explicación del logotipo del centenario

La llama simboliza la presencia del Espíritu Santo, que ha inspirado a don Alberione a hacer de nosotras apóstoles del Evangelio con los medios de comunicación social, implicando en la realización del carisma a Maestra Tecla, colaboradora sabia y fiel.

La sombra de la llama representa la acción del Espíritu que, en los cien años de nuestra historia, ha reavivado continuamente en nosotros el ardor misionero, en el seguimiento del Maestro, siguiendo las huellas de Alberione y Tecla.

Las dos llamas, entrelazadas, nos empujan hacia el futuro para que, iluminadas por la Palabra, irradiemos la luz del Evangelio en el mundo.

Logotipo del centenario de la congregación Hijas de San Pablo

Si continuas utilizando este sitio, aceptas el uso de las cookies. Más información

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar