Historia

Conoce nuestro origen

Los inicios de una gran historia no siempre coinciden con acontecimientos extraordinarios. Frecuentemente surgen como simples y, aparentemente, encuentros casuales que hacen cambiar la vida de quienes lo viven y transforman decisivamente el futuro.

¿Vale también esto para nosotras?

La chispa de donde comienza nuestra historia tenemos que buscarla en una iglesia, para ser más exactas hace 100 años en una sacristía.

El 27 de junio de 1915 para Teresa, joven de veintiún años, fue un día inolvidable, y también para el p. Alberione, joven sacerdote con treinta y un años, y para nosotras, hermanas Paulinas que desde entonces hemos empezado a dar los primeros pasos. Teresa, con el pequeño grupo de jóvenes mujeres, acogen la invitación del p. Santiago y, cosiendo la ropa para los soldados, empiezan a formarse para ser apóstoles de la Buena Prensa, de la Palabra  escrita, del Evangelio anunciado con todos los medios más poderosos y eficaces que el progreso proporciona en cada momento.

«En los primeros diez años de nuestra congregación (1915-1925) –escribe sr. Asunta Bassi, una de las primeras hermanas– sentimos la necesidad de plantearnos la pregunta: ¿Qué significa para mí la Biblia? ¿Qué significa para mí un folleto, un periódico, un libro? ¿Qué sentido tiene, para mí, dedicar toda mi vida a imprimir y a difundir? […] Creo que era impensable poder vivir nuestra vida sin profundas y claras convicciones en relación a una nueva misión, exigente, desafiante y, en ese momento, poco comprendida y humanamente poco gratificante».

Tanta pobreza, mucha incomprensión, incapacidad, poca experiencia: esto ha caracterizado los inicios, pero desde muy pronto una cosa ha estado clara: lo que estaba naciendo era la voluntad de Dios. «Fue verdaderamente un surgir desde Belén. […] La pobreza de los inicios era pobreza de medios, de cultura, de experiencia, de todo –subraya sr. Asunta–, pobreza de todo, excepto el convencimiento de haber sido llamadas por Dios y por Él enviadas».  Y Dios se habría hecho garante de todo, por la fe: de la fundación y los comienzos, surgidos durante la Primera Guerra mundial, a la expansión misionera y apostólica que encontraría con el segundo conflicto bélico; de la apertura de nuevas comunidades en el mundo, a los inicios de nuevas actividades apostólicas (entre los años 1928 y 1929 las librerías, en 1931 Familia Cristiana, y entre 1937 y 1945 el cine).

Llega a ser más claro cuando el fundador escribía a las jóvenes y audaces hermanas: «Nuestras librerías no son para hacer dinero, sino para beneficio de la gente. La librería es un Templo; el librero un predicador». Y esta afirmación de julio de 1946 se podría ampliar a todas las obras apostólicas, que debían ser espacios y posibilidad de orientación, educación social, anuncio del Evangelio, centros de luz y calor en Cristo Jesús.

La posguerra ha señalado un impulso más fuerte y decisivo. Se trata de volver a empezar, pero dando un nuevo sentido. Se ha tratado de estudiar, de escuchar las necesidades de las personas, para evitar derrochar energías en algo que nos hubiera hecho perder tiempo y fuerzas.

Desde el 1953 hasta los años 80, el apostolado paulino ha vivido el mayor florecimiento de su historia, atravesando años de recuperación social, pero también años de fuertes contrastes y renovación a nivel eclesial. En estos años, la redacción entendida en el sentido, hoy diríamos, multimedial, tiene un desarrollo considerable: la casa de las escritoras, el centro catequético y sus revistas Via Verità e Vita y Catechisti Parroquiali, el centro ecuménico Ut unum sint, el Centro de estudios San Pablo Film y las preciosas fichas de películas, el sector audiovisual con sus productos musicales, películas y documentales catequéticos y, finalmente, la preparación de exposiciones y charlas para la animación catequética, la fiesta del Evangelio, las misiones bíblicas. Años de grandes fermentos en los que se unen nuevas formas para la difusión, que se ponen al lado de forma decisiva a las muchas librerías Paulinas presentes ya sobre el territorio.

¿Y hoy?

Después de una gloriosa historia que contar, los años 90 y la evolución de la web 2.0 nos entregan un precioso cometido de una gran historia que hay que seguir construyendo.

Delante de nosotras se abren, cada vez más deprisa, nuevos caminos; nos ponen en nuestras manos nuevas posibilidades que estamos explorando con el coraje y con la pasión de siempre por el Evangelio. Nuestra presencia en la web, intentos de evangelización digital, los centros y los caminos en la formación sobre la comunicación, el nuevo rostro de la editorial, las nuevas comunidades sociales… todo muestra el desarrollo de una historia que no puede escribirse todavía. Solamente vivirla.

No existe un punto que podamos poner al final de esta historia, porque esta ha sido construida con el coraje, la audacia, la fe de quien nos ha precedido, está viva y, como preciosa semilla, silenciosamente, continúa para florecer y llevar fruto al corazón de quien lo acoge.


Reunión Hijas de San Pablo