Misión y espiritualidad

La fundamental y necesaria unión de "acción y contemplación"

Presencia en ferias del libro

Misión y espiritualidad son para cada paulina un binomio inseparable, que, dice la fundamental y necesaria unión de “acción y contemplación”, es como un río con su fuente.

No hay otras cosas que hacer, para una paulina, sino el Evangelio que vivir y anunciar, en todos los lugares, tanto en las capillas o en la editorial, gráfica, librerías, imprentas, centro de comunicación; en cada momento de la vida, tanto en la juventud como en la madurez, o en la impotencia a causa de la enfermedad.

Hermanas Paulinas orando en la capillaDesde el mundo al Sagrario, de la Eucaristía celebrada y adorada a la gente, de la Palabra estudiada y meditada a los púlpitos del anuncio: esta constante circularidad expresa la unidad de vida que cada Hija de San Pablo está llamada a vivir, descubriendo, como esencial, aquella dimensión mística del apostolado que es la raíz de toda fecundidad.

Como san Pablo, así la vida de cada paulina, tiene en el centro de su vida a Jesucristo Maestro, Camino, Verdad y Vida: de Él, de su amor por la humanidad, se deja enviar, empujar, estimular y escuchar, del Espíritu del Resucitado, los nuevos caminos para explorar y recorrer.

Como María, Reina de los Apóstoles, primera apóstol y comunicadora de la Palabra encarnada, así cada paulina da, con su vida, Cristo al mundo, transformando con implacable e incansable creatividad, la Palabra en anuncio y en testimonio.

Nosotras, las  Hijas de San Pablo, vivimos en comunidad, en un clima familiar y sencillo, y toda nuestra vida converge en aquel encargo misionero que nutrimos (y alimentamos) y, a través de la comunicación, recorremos todos los caminos del mundo, también los digitales, para comunicar a Dios a la humanidad de nuestro tiempo.

La meditación de la Palabra de Dios, la participación en la Celebración Eucarística y la Adoración cotidiana, alimentan nuestra vida y orientan nuestras decisiones enseñándonos a discernir los signos de los tiempos y a responder a las  necesidades del pueblo de Dios.

Los horizontes universales, un corazón como el océano, una parroquia que tiene como confines el mundo, la apertura a todos los pueblos, la audacia al realizar iniciativas en situaciones siempre nuevas sobre la comunicación, son solo algunas de las mil(es) caras de la preciosa herencia que el fundador, beato Santiago Alberione, nos ha dejado a todas nosotras para continuar dando vida, en la historia, al carisma paulino, que a través de sus manos ha llegado a nosotras, como don de Dios, que hay que reavivar constantemente.

 

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