Seguir a Jesús sin volverte un marciano

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Seguir a Jesús sin volverte un marciano

SEGUIR A JESÚS SIN VOLVERTE UN MARCIANO: Una propuesta atrevida para vivir la fe escrito por Fernando Merino y publicado por Paulinas, Madrid 2020. Páginas 312.

Para poder dar un testimonio verdaderamente cristiano, contagiando el gozo de la buena noticia del Evangelio, debemos comunicar esa alegría como personas felices, comprometidas, encarnadas en la realidad,  desde el seguimiento de Jesús.

Autor: Fernando Merino

Fernando Merino es licenciado en Comunicación Social y máster en Educación Experiencial. Ha realizado cursos de Teología en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Trabajó como creativo publicitario en Perú y Argentina. Fue Director creativo de La Verónica, agencia de publicidad católica en Lima. Forma parte del equipo directivo de las escuelas latinoamericanas Bartimeo. Ha participado desde los 13 años en la pastoral juvenil agustina.

Seguir a Jesús sin volverte un marciano

El libro, Seguir a Jesús sin volverte un marciano, nace de una experiencia apasionante, la del autor, que intenta vivir como cristiano testimoniando con su palabra. Sobre todo, con sus acciones, sirviendo a los demás desde un compromiso vital por la justicia, el amor y la fraternidad; que nace fundamentalmente de sentirnos hijos muy queridos por Dios Padre y Madre y, por lo tanto, hermanos. Al sentir ese amor dentro de nosotros, no podemos más que transmitirlo, llevándolo a los demás; para saciar la sed de tanta gente excluida, oprimida, violentada, perseguida.

Aunque para comunicarlo es necesario hacerlo, como diría el papa Francisco, «custodiando en los ojos el brillo de la verdadera felicidad». Solo así se contagia, cuestiona y hace mella el mensaje. Con el ejemplo de vida que damos a los demás, siendo creativos, alegres, abandonando la comodidad, acompañando en los momentos difíciles, sufriendo y alegrándonos con el otro, ofreciendo sinceramente nuestra amistad, nuestra solidaridad. Viviendo de una forma muy sencilla para que las personas alcancen su plena dignidad a la que están llamados, como seres humanos e hijos de Dios.  

Una propuesta atrevida para vivir la fe

Para ello, como cristianos, debemos vivir y compartir todas esas experiencias en comunidad construyendo; desde ese empeño fraterno, una Iglesia más unida, más humana, más sencilla, más cercana a la realidad, a la existencia concreta de la gente; una Iglesia que huela a Evangelio, que muestre los sentimientos de Jesús, desde nuestro mundo de hoy, para que las actividades de evangelización sean seductoras, fructíferas.

A pesar de todo el empeño que pongamos en ello, muchas veces no se verán los resultados. Aunque lo importante es sembrar, ya vendrá el momento de recoger, pues es Otro el que hace llover y fecunda la tierra y los frutos. Pero hay que salir a la sociedad, al mundo que nos rodea pues, como dice el Papa, es mucho mejor «una Iglesia accidentada por salir, que enferma por encerrarse».

Salir al encuentro del otro

Para ello habrá que vencer temores, normas rígidas, estructuras que impiden respirar y generan silencio impuesto y sometimiento. La libertad que nos otorga el ser hijos e hijas de Dios, nos invita a romper con todo lo que no sea evangélico, para salir al encuentro del otro que camina a nuestro lado, a quien está caído y malherido en las cunetas de la vida. La crítica fraterna es por lo tanto muy necesaria, pero desde el discernimiento, la fraternidad, la humildad y la búsqueda conjunta para construir el Reinado de Dios, ese otro mundo posible y tan necesario, sobre todo en beneficio de las víctimas de un sistema muchas veces injusto y excluyente.     

Estas reflexiones, basadas en las experiencias evangelizadoras del autor, nos intentan transmitir la necesidad de no ser ni vivir como marcianos, como personas extrañas, sino de enraizarnos y enamorarnos cada día un poco más de la persona de Jesús de Nazaret, que vivió haciendo el bien y buscando la sanación, la inclusión y la felicidad de quienes se cruzaban en su camino. También desea que leamos y meditemos el Evangelio siguiendo las intuiciones del Espíritu, sin mitos ni rigideces, sin pegarnos a la letra, sino con libertad, buscando el corazón del mensaje de Jesús, la felicidad de las bienaventuranzas, para los injustamente tratados y para quienes hemos sido llamados a acompañarlos, para que nuestra vida transparente la alegría de ser discípulos del Nazareno.

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